EL “DESPERTAR” DE LA CONCIENCIA POLÍTICA. APUNTES SOBRE LA CUESTIÓN GITANA EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA (1936-1939).

El siguiente artículo corresponde a la comunicación “La cuestión gitana española en el siglo XX. Entre la legislación y el despertar de la conciencia política” presentada en el Primer Congreso de Jóvenes Historiadores (Universidad Rey Juan Carlos, Abril 2016), a cuyas actas congresuales les corresponden todos los derechos de publicación. Sirva este breve extracto para poner de relieve una revisión crítica del contenido vertido en torno al papel de la comunidad gitana en la Guerra Civil española. Funcione también como propuesta de mis nonatas investigaciones predoctorales. El trabajo fue supervisado por el Profesor Doctor Don Rubén Pallol Trigueros.

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1. Algunas palabras previas.

Hasta ahora hemos realizado un análisis legislativo de la cuestión gitana en los dos grandes entramados políticos que constituyen el siglo XX español. Como expusimos en la introducción de este documento, hemos considerado pertinente hacer a un lado la Guerra Civil. De esta forma, abandonamos el tradicional análisis cronológico para entregarnos a otra manera de abordar la cuestión[1]. No consideramos que la posición de la comunidad gitana a lo largo de este siglo sea tan mecánica como el hecho de asumir una nueva situación política y continuar reproduciendo el mismo modo de vida que se venía arrastrando desde antaño. Aunque aparentemente inconexos, ambos apartados guardan gran relación. Las instituciones de poder son, en el caso de la comunidad gitana, los lugares de procedencia de todos los obstáculos que ha sufrido. Si bien, durante el interregno institucional que supuso la Guerra Civil empezó a rellenarse ese vacío con una respuesta que, aunque individual, ya implicaba a miembros de la comunidad gitana. Una respuesta política que, adoptando una forma u otra, se posicionó frente a la legislación, frente al rechazo de los no gitanos, frente a las estructuras de represión y se abrió paso a través de las nuevas formaciones políticas. Si durante la Segunda República el gitano podía trabajar en oficios reconocidos y entraba progresivamente a una sociedad que hasta entonces no había sentido como suya, un conflicto bélico solo podía sacudir la situación, más aun cuando el régimen dictatorial que estaba por llegar amenazaba con cercenar las pequeñas conquistas logradas, como resultó finalmente según lo que hemos venido contemplando. La Constitución de 1978 abrió un nuevo proceso de integración que, como hemos indicado, continua hasta nuestros días pero la base sobre la que se cimentó dicho proceso constitucional debía tener necesariamente algún precedente. Esto último es lo que pretendemos destacar en este apartado.

2. El conflicto civil que marcó una frontera entre “dos mundos”.

El interregno ideológico y político que supuso la Guerra Civil española (1936-1939) no vio una nueva concretización legislativa en lo que respecta a la comunidad gitana. Por la imagen que se tenía entonces de aquella no sólo se generó una concepción que la vinculaba directamente con la peligrosidad y la delincuencia sino que también se le atribuía neutralidad, por su definición colectiva y sus características singulares que le apartaban de la esfera en que se fraguó el conflicto (Girela, 2009, pp. 216).

Es, precisamente, este último hecho lo que nos lleva a extraer cronológicamente este momento preciso entre dos regímenes, por el punto de inflexión que supone. Con suma probabilidad, los estudios de David Martín Sánchez, Eusebio Rodríguez Padilla y Teresa San Román, respectivamente, son los que mejor recogen las diferentes perspectivas de los gitanos en la Guerra Civil por medio de la historia oral ya que nos permiten aproximarnos a las memorias de gitanos y gitanas que vivieron la época, en ocasiones con alguna filiación política, como trabajadores y como hijos del tiempo que se estaba viviendo. Las memorias personales se entrecruzan y no permiten establecer un poso firme al respecto, como vemos especialmente en los testimonios recogidos por la Asociación de Mujeres Gitanas ROMI, donde son diferentes las perspectivas según el bando por el que se optase o al que se vinculase por simple disposición geográfica. Simpatía hacia el nuevo régimen, conservadurismo respecto al anterior o rechazo a ambos son las principales guías en este sentido, atravesadas todas estas consideraciones por una opinión común, el hambre y el malestar.

La consolidación en lucha de las fuerzas de izquierda en España habrían supuesto un nuevo marco de condiciones materiales, en términos marxistas, que nos permiten, al menos análogamente, identificar una transición ideológica y política de los gitanos  entre clase en sí y clase para sí, es decir, el paso de ser un agente social externo a un miembro activo en la lucha política. No obstante, esta no es la única visión, pues otras repararían más en el hecho de que, como en todo marco de guerra, los gitanos, al igual que otras personas, actuaron conduciendo sus acciones a preservar su integridad individual.

Podríamos extender los supuestos a otras explicaciones pero lo fundamental reside en la transversalidad existente a todas ellas y es el hecho de que por primera vez hay una percepción subjetiva del conflicto, lo que inicia la gestación de una conciencia política[2]. Aunque de forma embrionaria y muy minoritaria, normalmente inclinada hacia la izquierda (PSOE, UGT y CNT)[3], la guerra abrió las puertas a la absorción de personas gitanas por formaciones políticas.

Gran parte de la comunidad gitana seguía en el borde de la no filiación política y, como revelan algunas memorias, había personas que durante su venta ambulante cambiaban la banderilla según el territorio por el que pasaban (San Román, 1997). No obstante, algo en lo que consideramos todavía no se ha reparado es que la propia decisión de no derramar sangre por un “conflicto de los payos”[4] también representa un posicionamiento político. Tanto mujeres como hombres de etnia gitana formaron parte de este proceso.

Expuestas a una triple opresión, de género, etnia y clase, las mujeres gitanas asumieron un papel determinante como protectoras de la identidad. Muchas eran ajenas al conflicto y mientras que los hombres participaban algo más, ellas ni siquiera traspasaban la frontera sociopolítica entre el mundo gitano y el no gitano. Lo cual es lógico porque sí las mujeres no gitanas representaban un 71% de analfabetismo, las gitanas tenían muchas menos posibilidades de adquirir una conciencia política (D. Fernández, 2009, pp. 168-171); por otra parte dificultada al ser los hombros sobre los que se apoyaban el resto de miembros de la comunidad[5].

Como vemos, si hasta ahora los fusilamientos franquistas, la “no integración en la máquina revolucionaria” (D. Martín, 2005, pp. 5) o la propia costumbre a ser perseguidos habían sido los motivos, ahora la neutralidad ya no es solo mecánica e inducida sino que es una opción personal. Tal es el caso de Mariano Rodríguez Vázquez (1909-1939), más conocido como “Marianet”, quien posiblemente sea el mejor representante de lo que Juan de Dios Ramírez Heredia ha llamado “anarquismo gitano”, no en referencia a este personaje sino al valor de libertad que encarna la comunidad gitana, al realizar un trabajo por cuenta propia e independiente (Girela, 2009, 216). No obstante, aunque anarquía y anarquismo en esencia pueden identificarse, no son lo mismo como extraemos de los planteamientos del profesor Carlos Díaz.

Esto es extrapolable a lo que venimos tratando, pues por el carácter anárquico de sus acciones, desvinculadas del orden social, muchos gitanos encontraron posiblemente en el anarquismo, como método y orientación teóricos, un referente ideológico. Marianet podría ser un ejemplo de ello, su vida ha sido recogida por Manuel Muñoz Molina, militante anarcosindicalista que fue compañero suyo en el Sindicato de la Construcción. Empero, el trabajo realizado sobre Mariano Rodríguez Vázquez por Isaac Martín Nieto, quien dirige su investigación doctoral, entre otras cuestiones, hacia la construcción de su biografía, apunta lo siguiente:

No obstante, sobre Mariano R. Vázquez queda todo por explicar, por pensar y por descubrir. Conocemos    algo de su papel durante la guerra en relación a la intervención de la CNT en las instituciones políticas y a la implantación del discurso de disciplina en Solidaridad Obrera (…). Lo que hace falta es un estudio biográfico que se preocupe de reconstruir sus primeros pasos a través de las instituciones en las que estuvo recluido, como el Asilo Durán o la Cárcel Modelo; que atienda también al rastro que fue dejando en el Sindicato de la Construcción durante la República, intentando esclarecer en qué medida experiencias como la organización de huelgas, las prácticas violentas y el paso por prisión estaban relacionadas con el proceso de encubrimiento de los líderes del anarcosindicalismo; un estudio, en fin, que establezca con finura la naturaleza y los límites del poder de Mariano R. Vázquez más allá de la Confederación catalana, algo que tendrá mucho que ver con las relaciones de afinidad anarquista. (I. Martín, 2012, pp.17).

Como vemos, esto no confirma que el que fue secretario regional de Cataluña de la CNT, entre 1936 y 1939, entrase al juego político por ser el anarquismo un horizonte plausible a la emancipación gitana pero sí nos permite poner sobre la mesa el hecho de que el contacto carcelario entre presos comunes, muchos de ellos gitanos, y presos políticos, gran parte anarquistas, supuso un trasvase de ideas que contribuyó a romper la frontera entre los dos mundos sociales que estos grupos representaban. No solo Mariano Rodríguez Vázquez, sino otros muchos gitanos adscritos a la Colectividad Adelante son muestra de ello.

A los colectivistas Francisco Heredia Jiménez, Antonio Jiménez Maya, Manuel Jiménez Hernández, Alfonso Jiménez Hernández, Juan Martín Amador, Antonio Martín Heredia, Rafael Martín Heredia… se pueden unir otros gitanos que, si bien no aparecen en los listados de la Colectividad Adelante, se encuentran en las listas de afiliados a CNT de Lérida: Aquilino Jiménez Jiménez, Manuel Ginés Gernández, Antonio Heredia Flores, Antonio Bautista Jiménez, Ramón Jiménez Gabarro… (D. Martín, 2005, pp. 6).

Si bien, estos últimos no tomaron su contacto político tras los barrotes sino al calor de la colaboración sindical o en colectivos por la fuerte presencia libertaria en Cataluña, especialmente. Al contrario que estos, en los lugares donde el anarquismo tenía menos arraigo, la afiliación crecía en torno al PSOE y la UGT.

El fenómeno interesante reside en que en la lista de tipos de delitos más comunes entre los procesados se encuentra la posesión de ideas izquierdistas, en segundo puesto solo detrás del hurto, lo que denota un cambio respecto a etapas anteriores[6]. Según los estudios historiográficos es correcto pensar que, al igual que los jornaleros o campesinos que no lo eran, los que sí eran gitanos también fueron absorbidos por el movimiento que se estaba desplegando. Pero pese a que su compromiso político fuera coyuntural, su percepción de la política ya no era desde un prisma exógeno a las formas gitanas, las fronteras se habían comenzado a difuminar.

En definitiva, el rumor —por no estar comprobado— convertido en memoria colectiva  de que Franco no les había entregado a Hitler (D. Martín, 2005, pp. 4), la participación mayoritaria en espacios y colectividades de izquierda, la muy minoritaria en otras como Falange, o el sentimiento de rechazo por todos, entre muchas de las otras memorias que se han recogido por los autores que hemos venido citando, demuestran que ya no se veía la política como una “cosa de payos” sino como algo que podía tener beneficios o perjuicios para la comunidad gitana.


Notas

[1] Este contenido precede al presente artículo y, por ende, corresponde a la comunicación completa. En dichos apartados —que serán de dominio público con la publicación de las Actas Congresuales del Primer Congreso de Jóvenes Historiadores (Universidad Rey Juan Carlos)—, igualmente se revisa de forma crítica toda la producción hecha en torno a la legislación referida al caso gitano.

[2] Que, al tiempo, sirve como base para los primeros proyectos de asociación en los años sesenta en reclamación de necesidades básicas, aunque no fueran atendidas hasta la llegada del proceso democrático.

[3] Como indican los gráficos de elaboración propia en “FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ, M.D; DE LA FLOR HEREDIA, M; RODRÍGUEZ PADILLA (2009), E. El pueblo gitano en la Guerra Civil y la Posguerra. Granada: Asociación de Mujeres Gitanas ROMI. pp.119-127″.

[4] Como recoge Martín Sánchez de su entrevista a Francisco Santiago Maya, miembro de la Unión Romaní de Barcelona.

[5] Este representa otro punto clave en el proceso de adquirir conciencia política, pues como indica Mª Dolores Fernández, diplomada en Ciencias de la Educación, la colectividad con la que abordan el soporte a sus maridos e hijos en el contexto de guerra y persecución les permite relacionarse cada vez más con el mundo social, experimentando un cambio de rol en que la endogamia se va depurando progresivamente.

[6] De nuevo, extraemos los datos de “FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ, M.D; DE LA FLOR HEREDIA, M; RODRÍGUEZ PADILLA (2009), E. El pueblo gitano en la Guerra Civil y la Posguerra. Granada: Asociación de Mujeres Gitanas ROMI. pp.119-127″. Los gráficos y cuadros han sido realizados a través de los análisis en los Juzgados Togado Militar número 23 y de los estudios derivados de la sección político-social del archivo de Salamanca (vinculados a Alicante, Aragón, Barcelona, Bilbao, Cádiz, Cartagena, Castellón, Extremadura, Gijón, Jaén, Lérida, Madrid, Santander, Valencia y Vinaroz, tras 1937). Para más información consultar en obra.

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